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“El tiempo es una imagen móvil de la eternidad”. (Platón) Algunas ciudades deciden, indudablemente, quedarse ancladas en un tiempo pasado, y ejemplos los hay por todas partes: París tiene todavía el aroma del siglo XIX, con los grandes bulevares que la convirtieron en la ciudad más moderna del mundo en su época dorada, mientras que Roma se quedó anclada mucho antes, cuando como capital del Imperio Romano dominaba todo el mundo conocido, y Venecia se decidió por un tiempo impreciso, en el que la decadencia campa a sus anchas y a caballo entre Occidente y Oriente. Sin salir de nuestro país, por citar más ciudades ancladas, podríamos hablar de Ávila, cuyas murallas medievales completas hacen creer al visitante que el románico aún no ha pasado de moda, o de Córdoba, donde un paseo por la medina o una visita a la mezquita bastan para retroceder al tiempo en que la sede del califato era la ciudad más poblada, culta y opulenta del mundo. No obstante, hay ciudades que optan por quedarse vinculadas a una época no tan romántica y lujosa, pero igualmente muestra del paso de los siglos y de los constantes cambios a los que la humanidad está ya más que acostumbrada. Éste es el caso de Manchester, una ciudad en la que la Revolución Industrial se hace presente con un simple vistazo a sus calles y sus edificios. Aunque el espacio de la que es ahora la tercera ciudad más visitada por turistas extranjeros en el Reino Unido, y considerada la mejor opción en este país para establecer un negocio, fue colonizado ya por los romanos, construyéndose allí un fuerte llamado Mamucium (“colina con forma de pecho”) cuyos restos aún pueden visitarse, no fue hasta el periodo comprendido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX cuando esta ciudad recibió el apodo de Cottonopolis y se convirtió en una abanderada de los cambios que azotaron todo el mundo moderno. Sin desmerecer su imponente ayuntamiento, cuya plaza iluminada en Navidad resulta preciosa por su sobriedad y su calma, o la catedral y sus estrechas calles aledañas, donde se evidencia cómo las guerras no respetan lo más mínimo el arte, lo mejor de Manchester está en la red de canales y molinos construidos cuando se convirtió en la primera ciudad industrial del mundo y un ejemplo para todo el mundo occidental. Muestra del valor de esta zona es que el centro de la ciudad se encuentre en una lista provisional del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, un reconocimiento que ya tiene Córdoba, a la que Manchester está hermanada. Pasear por la zona en la que las antiguas fábricas, en su mayoría textiles, conviven con la bruma de esta urbe gris y las superpuestas líneas de tren nos hace viajar a un tiempo de cambio, y sin duda no hay mejor modo de hacerlo que el tren, aunque la desaparición de la máquina de vapor haga del trayecto algo menos realista. La importancia del ferrocarril se evidencia también con otro dato: la primera línea férrea del mundo unió Manchester con Liverpool, una ciudad con la que Manchester ha vivido grandes rivalidades por su proximidad y su similar tamaño que parece que el Bridgewater Canal, que une ambas urbes, ha ido calmando con el transcurrir de los siglos. Manchester parece una ciudad de carboncillo, pero su escaso color, contrastado sólo a veces con los ocres del ladrillo, no la hace menos interesante. Es una ciudad de tranvías, en la que el asfalto se funde con el agua de los canales, y que resulta abrumadoramente plana, como si estuviera hecha para recorrerse andando con la mayor facilidad posible y para que los grandes edificios pudieran verse siempre desde lejos, a modo de faros urbanos. Sin embargo, no todo en Manchester son máquinas y olor a tiempos pasados, pues se trata de una ciudad comercial ideal para quien disfrute de las compras y pueda permitirse adquirir productos con un cambio de moneda tan poco favorable para nosotros. Lo que no sabe el visitante es que esta impresionante área comercial, que incluso choca con el escaso perímetro de ciudad antigua que ofrece la ciudad, vino provocada por una regeneración del centro urbano tras la gran carga explosiva que detonó el IRA en 1996. Como podemos ver, tampoco el terrorismo entiende de arte. Para los que quieran cultura, por último, la ciudad de la que han surgido muchos grupos musicales, y que es también sinónimo de buen fútbol, ofrece muchas posibilidades. El Lowry, el Manchester Art Gallery, el Urbis o el Manchester Museum, con abundantes piezas del antiguo Egipto, son sólo algunas de las salas en la ciudad que conserva además, como curiosidad, el manuscrito más antiguo de los evangelios que aún sobrevive: parte del evangelio según San Juan.

“Viajar es como hablar con hombres de otros siglos.” (Descartes)

Si hablamos de París lo primero que se nos viene a la cabeza es la Torre Eiffel, el museo del Louvre, Notre Dame o los Campos Elíseos. Lo que todo el mundo conoce. Pero existen otros museos menos conocidos, menos publicitados, que merece la pena visitar. Uno de ellos es el Museo Rodin.

En el número 79 de la rue de Varenne, muy cerca de los Inválidos, se encuentra el Hôtel Biron. Un bonito palacete de dos plantas del siglo XVIII donde vivió durante un tiempo el escultor y que hoy es su museo. Rodeado por un jardín fabuloso de tres hectáreas inspira tranquilidad, siendo un lugar donde podemos compaginar arte y descanso. El Museo Rodin es un museo para pasear.

Nada más entrar el majestuoso hall nos lleva a una escalera con balaustrada de hierro forjado que nos invita a subir a las ocho salas superiores. En ellas, junto a obras del escultor Rodin encontraremos otras de otra gran escultora, Camille Claudet, junto con pinturas de maestros impresionistas como Monet o Renoir y obras del genial Van Gogh. El recorrido por estas salas, al igual que por las diez salas de la planta baja, es tranquilo, sin agobios, tanto por la menor afluencia de público en comparación a otros museos, como por la disposición de las obras, el amplio espacio y la claridad que reina a nuestro alrededor. Todo invita a la tranquilidad. Os aconsejamos que no dejéis de apreciar las puertas de muchas de las salas, así como la marquetería de las salas circulares de los extremos. Y del interior destacaremos la pieza El Beso, obra maestra del escultor que transmite pasión, movimiento y vida.

De vuelta al hall llegamos a una sala que da a la terraza y al fabuloso jardín. Aquí es donde empieza el verdadero paseo. Sin darnos cuenta, disfrutando de la naturaleza y partiendo de la rosaleda que da al norte al gran parterre del sur, vamos descubriendo nuevas esculturas. Nuevas obras del maestro que nos hacen disfrutar. Allí en un lado del jardín, sobre un pedestal controlándolo todo, se encuentra una de las obras más famosas del autor: El Pensador. Sentado y reflexionando. Tal vez sobre la vida. Tal vez sobre tanto visitante que pasa junto a él. Pero no es la única obra que podemos ver: todo el jardín está inundado de arte.

Podemos también disfrutar en él de la colección privada del escultor, de la que destacamos una estatua de Hércules de época romana (siglo IV), y podremos contemplar exposiciones de arte contemporáneo que se dan en el museo. Pasearemos también por las dos áreas llamadas Jardín de las Fuentes y Jardín de Orfeo, zonas de gran belleza y con gran variedad de especies florales. Y por fin, en un lateral al fondo del jardín, encontraremos la obra inacabada del artista La Puerta del Infierno. Una pieza de grandes dimensiones (6,35 de alto, 4 de ancho y 1 de profundidad) que es, como su nombre indica, una puerta esculpida en bronce donde se representan el amor y la condena, y donde podemos ver entre sus más de doscientas figuras una representación de El Pensador en el dintel. Como curiosidad diremos que el yeso original se encuentra en el Museo de Orsay, también en París.

Para todos aquellos que queráis saber más, os aconsejamos que visitéis su página www.musee-rodin.fr, donde podréis ver los precios (muy interesantes las gratuidades), los horarios y las exposiciones temporales que se darán en las fechas de vuestra visita.

ABIERTO POR OBRAS

Un viajero sabio nunca desprecia su propio país.” Carlo Goldoni

Vitoria-Gasteiz es una ciudad cosmopolita, europea, premiada, que destaca tanto por sus monumentos o sus zonas verdes como por sus bares, sus restaurantes y sus gentes. Pero existe en esta ciudad algo que se sale de lo común, y es la visita a su Catedral Vieja.

Es ésta una catedral gótica, con un primitivo carácter defensivo (aún conserva su paso de ronda), construida en varias fases, y que se encuentra en el casco viejo de la capital alavesa. Debido a su mal estado, a finales del siglo XX se emprendieron las obras de restauración de la estructura, del suelo y de diversos elementos que corrían peligro de derrumbe. Durante estas obras aparecieron en los cimientos restos de construcciones anteriores, y se fueron destacando elementos de otras fases de la construcción de la misma. Hasta que estas obras de restauración sean completadas, y se pueda celebrar el culto en la catedral, la Fundación Catedral Santa María ha puesto en marcha el proyecto “Abierto por obras”.

Este programa nos permite visitar la Catedral de Santa María de una manera inusual, diferente a lo que se espera en este tipo de visitas. Se pretende mostrar un poco de la historia, de la arquitectura, de la arqueología, de la cultura y del arte, pero acercándolo al visitante. Es una visita de obra en toda regla, con casco incluido, donde, siempre acompañado por un guía experto, recorreremos desde los cimientos de la catedral hasta diferentes niveles de la misma, mediante plataformas a varios metros de altura (la seguridad está garantizada en todo momento), contemplando de cerca elementos que sólo vemos habitualmente a ras de suelo. Pasearemos por el paso de ronda, desde donde ojearemos la ciudad; el triforio, con visitas los miércoles y sábados; y la restauración del pórtico de la catedral, con su portada del siglo XIV. Es otra manera de ver un gran monumento, con otros ojos, desde otra perspectiva, y es una visita que se puede repetir en el tiempo, dado que lo que vemos un año cambia al año siguiente, porque las obras cambian y cada vez se restaura una zona diferente, convirtiendo así la visita en una visita viva.

Para los que tenéis niños, los sábados a las 16:15 se realiza una visita infantil, especial para ellos, donde todo está enfocado para los más pequeños, desde el lenguaje hasta las explicaciones. También existen visitas organizadas para los profesionales de la arquitectura, con un nivel mucho más técnico.

Muchos han sido los personajes ilustres que se han acercado a visitar la catedral, entre los que podemos destacar al poeta Marcos Ana, el cantante Coti o el actor Tim Robbins, pero si tenemos que escoger alguno en especial es al novelista Ken Follett, que desde 2002 es un asiduo visitante, y ha tomado notas de esta construcción para su última obra, Un mundo sin fin, la segunda parte de Los Pilares de la Tierra y cuya presentación realizó en Vitoria-Gasteiz.

Para todos los que queráis saber más sobre precios y horarios, para hacer un recorrido virtual o, sobre todo, para reservar vuestra visita, dado que el aforo es limitado y se completa enseguida, la página web es www.catedralvitoria.com.

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